Mitos sobre la lactancia materna

Por sus beneficios nutricionales e inmunológicos para el desarrollo infantil, la Organización Mundial de la Salud (OMS) fomenta la práctica de la lactancia materna (LM) durante los primeros 2 años de vida de un bebé. En la Argentina, según datos de la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud (ENNyS, 2007), el inicio de la LM es elevado, con un 95% de adherencia; sin embargo, la cifra se reduce al 70% entre los 6 y 8 meses; al 50% al año; y al 24% en el segundo año.

¿Qué es lo que hace que el número de niños amamantados baje tan dramáticamente? Seguramente, varios mitos se esconden detrás de la decisión de las mamás de dejar de dar el pecho. Por eso, conviene desenmascararlos para que los más chiquitos puedan seguir  beneficiándose del alimento más rico y completo para ellos. Aquí, algunos de los más frecuentes.

–          Las mujeres con pechos pequeños no pueden amamantar o tienen menos leche.
FALSO.
El tamaño de los pechos no influye en la lactancia. Todas las mujeres producen leche de buena calidad y en cantidad suficiente porque la lactancia es un proceso regido por la ley de la oferta y la demanda: cuanto más se lo amamante, más leche se producirá.

 

–          A los bebés hay que darles el pecho a libre demanda, cada vez que lo “pidan”.
VERDADERO.
Esto es importante, sobre todo en los recién nacidos. Según la Liga de la Leche, la cantidad de leche que produce una madre llega a su punto óptimo cuando se amamanta al niño tantas veces como lo necesite. Un buen suministro de leche, suele ocurrir cuando se alimenta al niño a demanda, es decir, sin imponer horarios.

 

–          Si la mamá está enferma, no debe amamantar y si lo sigue haciendo no puede tomar ninguna medicación.
FALSO.
Si la mujer tiene gripe, tos, está resfriada o tiene alguna enfermedad leve puede seguir amamantando (en tal caso, antes de tocar al bebé conviene lavarse las manos y, si es necesario, cubrirse nariz y boca con un barbijo o un pañuelo). Si se trata de una enfermedad más grave, antes de tomar cualquier medicación deberá consultar al médico. Si el medicamento o terapia que debe tomar es incompatible con la lactancia y no hay ninguna otra alternativa, se puede mantener la producción de leche haciéndose una extracción manual o con sacaleche mientras dura el tratamiento para después retomar la lactancia.

 

–          Tener los pezones planos o invertidos va a hacer casi imposible la lactancia.
FALSO. Si bien al principio puede ser más difícil el enganche, existen dispositivos diseñados especialmente para sacar hacia afuera los pezones invertidos o temporalmente aplanados. En muchos casos, los pezones invertidos sobresaldrán más a medida que el bebé comience a acoplarse y pase el tiempo. La succión ayuda. Si el problema persiste, se puede buscar ayuda de un experto en lactancia.

 

–         Para tener más leche, hay que beber mucha leche.
FALSO.
Es conveniente que la mujer siga una dieta balanceada, pero no hay alimentos que aumentan o disminuyen la producción de leche. Esta se regula en función del vaciado del pecho, no de los alimentos que se ingieran. Es importante además que la madre reciba un buen aporte de agua para compensar el volumen de la misma que el organismo utiliza para la producción de la leche.

 

–         Hay que espaciar al menos tres horas cada toma para darle tiempo al pecho a que “se recargue”.
FALSO. Según la Liga de la Leche, el cuerpo de una madre lactante siempre está produciendo leche. Sus senos funcionan, en parte, como “depósitos de reserva”, algunos con mayor capacidad que otros. Cuanto más vacío esté el pecho, más rápido trabajará el cuerpo para reabastecerlo. Cuanto más lleno esté, más lenta será la producción de leche. Si una madre espera sistemáticamente a que se le “llenen” los pechos antes de amamantar, su cuerpo puede recibir el mensaje de que está produciendo demasiada leche y, por tanto, reducir la producción.

 

–          Siempre hay que darle al bebé ambos pechos en cada toma.
FALSO.
En la Liga de la Leche explican que es mucho más importante dejar que el niño termine de tomar del primer lado antes de ofrecer el segundo, aunque esto signifique que rechace el segundo pecho. La última leche (que contiene más calorías) se obtiene gradualmente a medida que se va vaciando el pecho y algunos niños, si se les cambia de lado de forma prematura, se llenarán de la leche primera, más baja en calorías, en vez de obtener el equilibrio natural entre la primera y la segunda. Como resultado, el bebé no quedará safisfecho y podría no ganar peso en forma adecuada. Durante las primeras semanas, sí conviene ofrecer ambos pechos en cada toma para ayudar a establecer el suministro de leche.

 

Cuando no se puede amamantar, la leche de fórmula es la mejor alternativa a la leche de pecho.
VERDADERO.
Si bien por sus beneficios nutricionales, inmunológicos y para el desarrollo infantil, nada puede superar a las cualidades protectoras de la leche materna,  en los casos en los que la lactancia materna no es posible o por algún motivo resulta insuficiente, lo ideal es suplantarla o suplementarla con las llamadas fórmulas infantiles, que contienen las vitaminas, minerales, ácidos grasos esenciales, nucleótidos, probióticos y prebióticos adecuados para el crecimiento y desarrollo del bebé. Además, están diseñadas para cada etapa y niño en particular.